Evaluación de la lectura
2. Evaluación de la decodificación
2.1. Evaluación de la fluidez lectora
La fluidez lectora se suele considerar en la lectura en voz alta y combina precisión lectora, velocidad y prosodia o entonación. A pesar de esta aparente complejidad, es uno de los aspectos de la lectura más fáciles de evaluar y, además, es muy informativa para la detección de dificultades.
La precisión lectora forma parte de la fluidez, pero, además, hay otros componentes, como:
- Velocidad adecuada y mantenida.
- Continuidad, con pausas adecuadas (lectura agrupando unidades de significado, sin silabeo o separaciones entre palabras).
- Seguridad en la lectura, sin repeticiones, rectificaciones o vacilaciones.
- Volumen de la voz.
- Entonación.
- Interpretación de los signos de puntuación.
Una forma de sistematizar una evaluación de la fluidez es elegir cuáles de estos rasgos nos resultan más importantes y construir una rúbrica que ayude a su valoración. Los sistemas de inteligencia artificial pueden ser útiles para preparar estas herramientas. Por ejemplo, aquí tenemos una rúbrica de fluidez generada por ChatGPT de OpenAI.

En la etapa de educación secundaria, la velocidad lectora se suele medir en palabras por minuto. No obstante, en alumnado con muchas dificultades de precisión, puede ser más válido utilizar una medida de palabras correctas por minuto.

Existen algunas referencias de velocidad de lectura y las más fiables son las de Ripoll et al. (2020), que consideran la ESO y el Bachillerato.

Las referencias de este tipo deben ser tomadas con mucha precaución, ya que la velocidad lectora está influida por la dificultad del texto y por otros factores como los objetivos de lectura. Lo más informativo sería disponer de referencias de cómo, curso tras curso, el alumnado lee una selección de textos variados. Estos datos se pueden ir acumulando, pero es necesario tener un asesoramiento técnico para convertirlos en percentiles u otra escala que pueda ser útil para valorar el nivel de fluidez.
El profesorado de inglés puede encontrar varias referencias de velocidad lectora en la Tabla 1 de Tindal (2017). Estas referencias están obtenidas de alumnado angloparlante que aprende a leer en inglés. En dos de ellas encontramos velocidades de alumnado al comienzo de la ESO. En 1.º de ESO, podemos ver velocidades medias entre 94 y 151 PPM y en 2.º de ESO, velocidades medias entre 127 y 151 PPM.
Medición de la velocidad en lectura silenciosa
Las formas más sencillas de evaluar la velocidad de lectura silenciosa del alumnado dan por supuesto que va a actuar con sinceridad al informar sobre la parte del texto leída. Por otra parte, tienen la ventaja de que son rápidas y fáciles de aplicar.
Una forma de hacer esta medición es facilitar a todo el alumnado el mismo texto y pedir que, al acabar el tiempo de lectura, señale la última palabra leída. Con este dato podemos calcular la cantidad de palabras leídas por minuto. Por ejemplo, encargamos la lectura de un documento: «Voy a dejar una hoja con un texto en cada mesa. Mientras tanto, sacad un bolígrafo. No miréis aún el texto. Cuando os pida que empecéis a leer, dad la vuelta a la hoja y comenzad a leer. Cuando os pida hacer una marca, tenéis que rodear con el bolígrafo la última palabra que habéis leído. Después continuáis leyendo el texto hasta el final y os entregaré unas preguntas para responder».
Si dejamos pasar un minuto hasta que pedimos hacer la marca, el número de la palabra señalada será la cantidad de palabras leídas por minuto. Si elegimos otro tiempo tendremos que hacer el cálculo oportuno.
Hay otras alternativas que buscan resultados más fiables, pero, como contrapartida, hacen que la lectura sea menos natural. Una de ellas es proponer una lectura de oraciones en las que el alumnado tiene un tiempo limitado para señalar si su significado es verdadero o falso o si la oración tiene sentido. Este es el recurso que se ha empleado en la evaluación PISA (OECD, 2023). Los datos analizados por PISA nos recuerdan que existe una clara relación entre fluidez lectora y competencia lectora, de modo que una prueba de fluidez lectora puede ayudar, con muy pocos recursos, a identificar al principio de curso al alumnado con dificultades de lectura.
La segunda alternativa es la técnica «maze», en la que el alumnado lee un texto en el que se han suprimido palabras y debe elegir la que corresponde a cada lugar entre tres alternativas. Estas alternativas se preparan de modo que la respuesta sea evidente para quien realmente está leyendo el texto. Por ejemplo:

Se anima al alumnado a leer el texto rodeando en cada cuadro la palabra más adecuada. Al cabo de un tiempo se detiene la actividad y se calcula la velocidad lectora en función del último cuadro resuelto y del tiempo transcurrido. Alguien que en un minuto haya contestado hasta el último cuadro del texto habría leído 106 palabras por minuto (si consideramos las tres palabras que aparecen en cada cuadro).