Dificultades de lectura y comprensión
6. Aspectos generales en el aprendizaje de la lectura
El aprendizaje de la lectura conlleva la adquisición y el desarrollo de dos habilidades básicas: la comprensión del lenguaje y la decodificación. La decodificación nos permite reconocer las palabras de un texto de forma fluida, es decir, con precisión, velocidad y una prosodia adecuada. La controversia sobre cuál es la mejor forma de enseñar esta habilidad ha persistido durante el último siglo, dando lugar a la conocida «guerra de los métodos», la cual se ha llevado a cabo tanto a nivel político como educativo. Sin embargo, actualmente, parece haber terminado, ya que los trabajos que sintetizan la investigación sobre esta cuestión apoyan la idea de que el método fonético es el más efectivo, tanto para el alumnado general como para aquel que presenta NEAE, por encima de los analíticos que parten de las palabras, las oraciones o los enunciados. En el método fonético se enseñan de forma explícita y sistemática los sonidos que se corresponden a los distintos grafemas y estos se unen para formar sílabas y palabras.
Cuando enseñamos a leer usando el método fonético, el lector reconoce las palabras escritas decodificándolas por la ruta fonológica, en la que se identifican las letras que forman la palabra, se les asigna su sonido correspondiente, se sintetizan esos sonidos en el ensamblador fonológico, se consulta en el léxico auditivo la palabra resultante y, finalmente, si es conocida por el lector, se accede a su significado. Las palabras que han sido reconocidas por la ruta fonológica varias veces se almacenan en el léxico visual. Estas palabras pueden ser leídas de forma automática, asociando su forma ortográfica con el concepto que representan, el cual se recupera del almacén semántico.
Cuando se utiliza un método analítico, se empieza la casa por el tejado, ya que el alumnado únicamente puede reconocer las palabras enseñadas que son almacenadas en el léxico visual. Sin embargo, no podrá leer palabras nuevas, o no enseñadas, hasta que descubra espontáneamente el código alfabético, es decir, el conjunto de reglas que relaciona los sonidos de una lengua con su representación gráfica o grafema. El alumnado con NEAE tiene enormes dificultades para deducir las correspondencias entre grafemas y sonidos partiendo del aprendizaje de palabras globales y, por tanto, es primordial que reciba una enseñanza explícita al respecto.
Aunque el método fonético parece ser el más adecuado para el alumnado en general, es habitual que, inicialmente, los avances sean mínimos o demasiado lentos en el alumnado con NEAE. En estos casos, la mejor opción es utilizar de forma simultánea un método analítico, para que pueda acceder lo antes posible a un sistema de representación del lenguaje oral. El alumnado con dificultades más graves puede tardar varios años en alcanzar una lectura fonológica, incluso hasta la etapa de Educación Secundaria Obligatoria. Sin embargo, la lectura tiene un efecto muy significativo en su desarrollo escolar y calidad de vida. Monfort y Juárez (2004), en el libro Leer para Hablar, proponen que, para enseñar a leer a alumnado con graves dificultades de la comunicación y del lenguaje, debemos diseñar un material básico compuesto por unas cuantas palabras escritas de su interés, tres o cuatro, y sus referentes representados en dibujos. Se proponen juegos de asociación durante varios días hasta que el alumnado es capaz de realizarlos sin cometer errores. Posteriormente se añaden nuevas palabras, de una en una, y se siguen realizando juegos de asociación y de estructuración de oraciones.
En los casos en que es posible, se combinan esas actividades con otras cuyo objetivo es que el alumnado acceda a la vía fonológica. En estas últimas se realizan juegos de asociación entre grafemas y sonidos. Es importante trabajar primero la identificación, es decir, emitimos un sonido y la persona que está aprendiendo tiene que señalar el grafema correspondiente. Posteriormente, trabajamos la denominación: señalamos el grafema para que el alumnado diga el sonido que le corresponde. El siguiente paso es la unión silábica en la que habitualmente se utiliza la fonación conectada, alargando los sonidos que representan los grafemas (/mmmmaaaaa/) y el modelado (leemos en voz alta y el alumnado lo imita). Finalmente se practica la lectura de palabras utilizando los mismos recursos didácticos que en la unión silábica. Existen investigaciones cuyos hallazgos sugieren que se puede aplicar un procedimiento similar con alumnado no verbal usuario de sistemas aumentativos y alternativos de comunicación. En este caso, se omiten las tareas de denominación y de unión silábica, puesto que no cuenta con la capacidad de emitir sonidos, de forma que la lectura de palabras se practica asociándolas a imágenes que las representan (Ahlgrim-Delzell et al., 2016).
En la tabla que presentamos a continuación se recogen las estrategias mencionadas anteriormente y otras que también cuentan con respaldo científico para abordar la enseñanza inicial de la lectura en el alumnado con NEAE. Estas estrategias, exceptuando enseñar conocimientos sobre el lenguaje escrito, también son efectivas para la mejora de la decodificación.
| Estrategias | DI | TEA | DV | DA | TLC | TA | TDAH | SVS | DGLA |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Enseñar conocimientos sobre el lenguaje escrito | ✔ | ✔ | |||||||
| Entrenar la conciencia fonológica | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ |
| Enseñar de forma explícita y sistemática las correspondencias entre grafemas y sonidos | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ |
| Enseñar de forma explícita y sistemática las correspondencias entre los caracteres braille y los sonidos que representan | ✔ | ||||||||
| Enseñar a reconocer palabras de forma visual | ✔ | ✔ | |||||||
| Entrenar la decodificación de palabras y de textos que incluyen las correspondencias aprendidas | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ||
| Enseñar de forma simultánea la escritura | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ | ✔ |
|
DI = discapacidad intelectual (Afacan et al., 2017; Browder et al., 2006; Dessemontet et al., 2019; Hill, 2016; Joseph y Seery, 2004; Williams, 2024); TEA = trastorno del espectro autista (Bailey y Arciuli, 2020; Rimmer et al., 2022; Spector, 2011; Whalon et al., 2009); DV = discapacidad visual (McCall et al., 2011; Ferrell et al., 2006); DA = discapacidad auditiva (Ochoa et al., 2023; Wang y Williams, 2014); TLC = trastornos del desarrollo del lenguaje y la comunicación y trastornos graves de la comunicación y del lenguaje (Coleman y Venediktov, 2013; Cabbage y Algeo-Nichols, 2024); TA = trastornos del aprendizaje (Hall et al., 2022; Suggate, 2016; Wanzek et al., 2018); TDAH = trastornos por déficit de atención con hiperactividad (Ferrari, 2015; Lane et al., 2001; Walcott et al., 2014); SVS = situación de vulnerabilidad socioeducativa (Hatcher et al., 2006; Machin et al., 2018); DGLA = desconocimiento grave de la lengua de aprendizaje (WWC, 2007; 2014). |
Del mismo modo que podemos encontrar distintos componentes en la comprensión lectora, también podemos considerar distintos aspectos que componen la comprensión del lenguaje. Por ejemplo, el modelo directo y de la mediación inferencial (Martínez-Cubelos y Ripoll, 2022) propone que las subhabilidades de la comprensión del lenguaje son los conocimientos previos, el vocabulario, la habilidad inferencial y las estrategias de comprensión, que son un conjunto heterogéneo de procedimientos que pueden ayudar a solucionar problemas de comprensión o a profundizar en el significado de los textos. Este modelo es especialmente interesante para el diseño de programas de mejora de la comprensión lectora, ya que existen evidencias de que realizar en el aula actividades relacionadas con sus componentes impacta en la mejora de la comprensión lectora, tanto del alumnado en general como de aquel que presenta NEAE. Estas subhabilidades deben abordarse desde el inicio de la escolaridad, especialmente, en el alumnado más vulnerable.
Sin importar el tipo de necesidad que presente el alumnado, parece que los recursos didácticos mejor fundamentados para la enseñanza inicial de la lectura y para la mejora tanto de la decodificación como de la comprensión lectora son: la enseñanza directa, el modelado, la práctica guiada, la práctica independiente, la retroalimentación correctiva, el aprendizaje sin error basado en el andamiaje, los repasos acumulativos de los aprendizajes previos, la secuenciación de la dificultad de las tareas, los refuerzos verbales, las intervenciones intensivas y las intervenciones individuales o en pequeño grupo. También parecen ser útiles otros recursos como las estaciones de aprendizaje y la lectura estratégica colaborativa.