3. Evaluación de la fluidez lectora

La fluidez lectora se suele considerar en la lectura en voz alta y combina precisión lectora, velocidad y prosodia o entonación. A pesar de esta aparente complejidad, es uno de los aspectos de la lectura más fáciles de evaluar y, además, es muy informativa para la detección de dificultades o para el seguimiento de las mejoras.

En la sección anterior ya hemos tenido en cuenta la precisión lectora, así que vamos a centrarnos en los otros componentes de la fluidez. Es común hacer una evaluación de la calidad de la lectura considerando aspectos como:

  • Velocidad adecuada y mantenida.
  • Continuidad, con pausas adecuadas (lectura agrupando unidades de significado, sin silabeo o separaciones entre palabras).
  • Seguridad en la lectura, sin repeticiones, rectificaciones o vacilaciones.
  • Volumen de la voz.
  • Entonación.
  • Interpretación de los signos de puntuación.

 Una forma de sistematizar esto es elegir cuáles de estos rasgos nos resultan más importantes y construir una rúbrica que ayude a su valoración. Los sistemas de inteligencia artificial pueden ser útiles para preparar estas herramientas. Por ejemplo, aquí tenemos una rúbrica de fluidez generada por ChatGPT de OpenAI.

Tabla de rúbrica de ejemplo elaborada por una inteligencia artificial.

También podemos usar o adaptar rúbricas ya existentes, como las que propone Calero (2014).

La velocidad lectora en voz alta puede evaluarse de dos formas:

La imagen muestra dos fórmulas para calcular cuántas palabras se leen por minuto, con y sin errores.

La segunda, que considera la cantidad de errores, es especialmente interesante en los cursos en que se realiza el aprendizaje inicial de la lectura y en la evaluación de alumnado con dificultades de aprendizaje. Existen algunas referencias y las más fiables son las de Ripoll et al. (2020).

Tabla de referencias de velocidad lectora del español por cursos

No obstante, deben ser tomadas con mucha precaución, ya que la velocidad lectora está influida por la dificultad del texto y por otros factores como los objetivos de lectura. Lo más informativo sería disponer de referencias de cómo, curso tras curso, el alumnado lee una selección de textos variados. Estos datos se pueden ir acumulando, pero es necesario tener un asesoramiento técnico para convertirlos en percentiles u otra escala que pueda ser útil para valorar el nivel de fluidez.

El profesorado de inglés puede encontrar varias referencias de velocidad lectora en la tabla 1 de Tindal (2017). Hay que tener en cuenta que se trata de las velocidades lectoras que alcanza alumnado que tiene como lengua materna el inglés.

Otra alternativa es medir la fluidez con pruebas que ya estén estandarizadas. Las mismas baterías que se han mencionado en la evaluación de la precisión permiten recoger datos de velocidad lectora. Becole-R, Baterías DIX, PROLEC-R o TALE incluyen medidas de velocidad en lectura de textos. La Agencia Andaluza de Evaluación Educativa (2010) editó dos pruebas de lectura para 2.º y 6.º curso de primaria que valoran precisión, comprensión y también ofrecen una escala de velocidad lectora en percentiles.