1. Los predictores de la competencia lectora

1.1. Habilidades fonológicas

El desarrollo de la lectoescritura se apoya en las habilidades del lenguaje oral, que constituyen un pilar fundamental en el proceso de aprendizaje de la lectura (Kim y Zagata, 2024). En particular, la capacidad para reconocer y procesar los sonidos del lenguaje, conocida como «procesamiento fonológico», está estrechamente relacionada con el desarrollo de la lectura. Tener representaciones fonológicas precisas y bien definidas de los sonidos—es decir, un buen conocimiento de los sonidos del habla— facilita la correspondencia entre esos sonidos y las letras que los representan, esto es, la asociación entre fonemas y grafemas. Dentro de este conjunto de habilidades fonológicas, podemos distinguir entre las habilidades de fonología segmental y suprasegmental.

Las habilidades de fonología segmental, comúnmente englobadas bajo el término «conciencia fonológica» (CF), nos permiten reflexionar sobre el lenguaje oral e identificar los sonidos de la propia lengua. Gracias a esta capacidad, podemos reconocer que palabras como «camino» y «camisa» comienzan por el mismo sonido inicial /k/, o contar las cuatro sílabas en la palabra «mariposa». Esta habilidad se considera un requisito previo fundamental para el aprendizaje exitoso de la lectura, ya que, para aprender a leer, es necesario conocer el sonido que corresponde a cada letra (p. ej., Anthony y Lonigan, 2004; Defior y Tudela, 1994; Ehri et al., 2001; Hatcher, 2000; National Reading Panel, 2000; Soriano et al., 2011; Suárez-Coalla et al., 2013).

Por otro lado, se encuentra la fonología suprasegmental, también conocida como «prosodia» o «melodía del lenguaje». Se refiere a aspectos más amplios del habla, como el acento, la entonación y las pausas (Holliman et al., 2014). Contar con buenas habilidades de fonología suprasegmental también influye en el aprendizaje de la lectura, puesto que leer correctamente no implica solo conocer la relación entre los sonidos y sus letras, sino también aplicar el acento adecuado, emplear la entonación apropiada y respetar las pausas. Estas habilidades nos permiten, por ejemplo, distinguir entre «camino» y «caminó» o diferenciar entre dos o tres elementos en las frases: «balón, cesto y pera» y «baloncesto y pera».

En la Figura 3 se muestra un ejemplo donde podemos observar los dos tipos de información fonológica que necesitamos para leer. No solo debemos reconocer cada uno de los sonidos (fonología segmental) que se asocian con sus respectivas letras (grafemas) en la palabra /k/ /a/ /m/ /i/ /n/ /o/, sino que también debemos identificar qué sílaba se acentúa (fonología suprasegmental) para poder leerla correctamente. Así, para leer la palabra «camino» con fluidez, es necesario también pronunciar la sílaba /MI/ con mayor fuerza e intensidad que el resto de sílabas (caMIno).

Figura 3 Ejemplo de la información fonológica que necesitamos para leer

Figura 3 Ejemplo de la información fonológica que necesitamos para leer

La conciencia fonológica ha sido, durante décadas, el principal foco de investigación en el ámbito del aprendizaje de la lectura, dada su importancia central en el desarrollo de las habilidades lectoras iniciales. A diferencia de otros componentes fonológicos como la prosodia, cuya investigación es más reciente, el estudio de la conciencia fonológica cuenta con un recorrido mucho más amplio y consolidado. Numerosos trabajos han mostrado de forma consistente que la capacidad para identificar y manipular conscientemente los sonidos del lenguaje oral constituye un predictor robusto del éxito en lectura y escritura. Esta atención prioritaria a la fonología segmental se justifica por su estrecha relación con la adquisición del principio alfabético y la formación de representaciones fonológicas precisas. Si bien investigaciones más recientes han comenzado a explorar la influencia de la fonología suprasegmental, sigue siendo la conciencia fonológica —y en particular, la conciencia fonémica— el componente que ha mostrado una mayor solidez empírica en su impacto sobre la lectoescritura (p. ej., Anthony y Lonigan, 2004; Defior, 2008; Jiménez et al., 2005; Suárez-Coalla et al., 2013).

La relación entre la conciencia fonológica y las habilidades de lenguaje escrito ha sido ampliamente demostrada en numerosos trabajos (se puede ver una revisión en Defior, 2008). En ellos, se ha constatado que quienes muestran un mayor rendimiento en tareas de conciencia fonológica durante la etapa prelectora, posteriormente presentan un mayor éxito en el aprendizaje del lenguaje escrito, mientras que quienes muestran baja conciencia fonológica tienen dificultades para iniciarse en la lectura (Suárez et al., 2013). Por tanto, la conciencia fonológica es un excelente predictor del rendimiento en lectura y escritura. Concretamente, el nivel que muestra una mayor capacidad predictiva es la conciencia fonémica (Cuadro y Trías, 2008; Jiménez et al., 2005). En este sentido, la inclusión de actividades de enseñanza que se focalicen en los fonemas (o sonidos) que componen las palabras constituye una pieza fundamental para el desarrollo lector, considerándose otros niveles de conciencia fonológica (por ejemplo, el silábico) como pasos previos a trabajar hasta llegar al nivel fonémico.

Además, se ha demostrado que el aprendizaje del lenguaje escrito contribuye, a su vez, a desarrollar la conciencia fonológica, de modo que, con la adquisición del código alfabético, aumentan todos los niveles de conciencia fonológica, especialmente la conciencia fonémica. Por tanto, este conjunto de resultados pone de manifiesto una relación mutua y recíproca entre ambas habilidades: la conciencia fonológica y la lectura.

En lo que se refiere a las investigaciones centradas en examinar las habilidades de conciencia fonológica en alumnado con dificultades, se ha evidenciado que quienes tienen dislexia presentan déficits específicos en este tipo de actividades (Defior y Serrano, 2011). En ese mismo sentido, la aplicación de programas de intervención basados en la conciencia fonológica en población con dislexia muestra mejoras significativas en las habilidades lectoras de dicha población (Defior, 2008; Suárez Coalla, 2009). 

En definitiva, hay un amplio consenso en la comunidad científica para considerar que el aprendizaje de la lectura se construye en buena parte gracias al desarrollo de la conciencia fonológica, especialmente, de la conciencia fonémica (identificar cada uno de los sonidos/fonemas de una palabra). Por ello, la inclusión de este tipo de actividades es fundamental para un adecuado abordaje de la enseñanza de la lectura y la prevención de las dificultades de aprendizaje.