1. Conceptualización y clasificación de las estrategias de lectura

El concepto de estrategias de lectura ha sido objeto de diversas interpretaciones en la literatura académica, lo que ha generado cierta ambigüedad en su definición. Diferentes especialistas han propuesto explicaciones que, si bien presentan puntos en común, también destacan matices importantes respecto a su naturaleza, función y enseñanza. En términos generales, el objetivo principal de las estrategias de lectura es comprender un texto, proporcionando herramientas que permitan a quienes lo lean procesar, interpretar y reflexionar sobre la información de manera eficiente.

Ripoll (2023) señala que se ha entendido por estrategias de lectura a un conjunto heterogéneo de procedimientos cuyo propósito es solucionar problemas de comprensión o profundizar en el significado de los textos. Al respecto, indica que algunas estrategias se han vinculado con otros conceptos, como las habilidades de lectura, las estrategias de aprendizaje o las técnicas de estudio. Por otro lado, Solé entiende las estrategias como «procedimientos de carácter elevado, que implican la presencia de objetivos que cumplir, la planificación de las acciones que se desencadenan para lograrlos, así como su evaluación y posible cambio» (1992: 59). Desde esta perspectiva, las estrategias de lectura no solo suponen la aplicación de mecanismos automáticos de comprensión, sino que también requieren una acción metacognitiva que permita a quienes leen monitorear su comprensión, establecer objetivos específicos y adaptar su enfoque según la dificultad o el propósito del texto.

Para Calero, las estrategias «son conductas que exigen el esfuerzo cognitivo deliberado y consciente del lector para comprender el texto, mientras que las habilidades lectoras devienen en destrezas fluidas y automáticas durante el proceso de comprensión del texto» (2017; 98). En una definición complementaria, ERI Lectura y Ripoll destacan la intencionalidad y el control que ejerce la persona que lee sobre su propio proceso de comprensión. Así, las estrategias son «intentos deliberados y dirigidos a una meta, de controlar y modificar los esfuerzos del lector para construir el significado del texto» (ERI Lectura y Ripoll, 2023). Estas definiciones introducen un aspecto fundamental: las estrategias deben ser conscientes, requieren que quien lee decida de forma deliberada su aplicación para, así, comprender mejor un texto.

En este sentido, no pueden considerarse estrategias de lectura aquellas dinámicas o actividades en las que el alumnado lee en pareja o de forma individual sin una orientación clara hacia el desarrollo de procedimientos específicos de comprensión. Por el contrario, deben formar parte del contenido explícito de enseñanza en el aula para desarrollar la autonomía en la lectura tal y como indica Solé.

Además de las referencias explícitas que hace la legislación educativa, tanto de Educación Primaria como de Educación Secundaria, a las estrategias antes, durante y después de la lectura, son múltiples las investigaciones que dan cuenta de su eficacia en la mejora de la comprensión lectora. Sin embargo, en muchas ocasiones, su enseñanza no es todavía una práctica extendida en los centros educativos. Esto llama especialmente la atención si se considera que la propuesta de su enseñanza ya existía en las últimas décadas del siglo XX. Así, ERI Lectura y Ripoll (2023) señalan que han existido motivos para ello, como la controversia en torno a su conceptualización, la ausencia de materiales específicos, la falta de criterios para su secuenciación a lo largo de los cursos y niveles educativos y, por último, la dificultad de su enseñanza y el tiempo que conlleva. A esto, cabría añadir la escasa formación inicial del profesorado respecto de este asunto. Además, en muchos centros han proliferado iniciativas que tienen como objetivo desarrollar el hábito lector del alumnado que, si bien son muy necesarias, no cuentan con evidencias sobre su eficacia en la mejora de la comprensión lectora.

Al igual que ocurre con la definición de estrategias de lectura, existen diversas propuestas sobre sus tipos y clasificación, que buscan organizar y explicar cómo podemos abordar un texto de manera eficaz. Estas propuestas varían según los criterios utilizados para su categorización y el enfoque desde el que se analicen. Al respecto, no se trata de que el alumnado memorice una lista de estrategias, sino de que las conozca, comprenda su utilidad y pueda decidir estratégicamente cuál utilizar en función de sus necesidades. Por otro lado, una de las propuestas de clasificación de las estrategias es la que las organiza en función del proceso lector, distinguiendo entre estrategias que se aplican antes, durante y después de la lectura. De otra manera, Ripoll (2023) propone la siguiente clasificación:

Tabla 1. Clasificación de estrategias de lectura de ERI Lectura y Ripoll 

Estrategia

Tipo de estrategia

De planificación

 

Para examinar o echar un vistazo al texto.

Identificar características del texto (tema, género, estructura, ideas destacadas...).

Hacerse preguntas previas a la lectura.

Establecer objetivos, teniendo en cuenta que pueden ser objetivos de lectura (entretenerse, aprender sobre un tema e informarse sobre un suceso...) o de tarea (contestar correctamente a preguntas, hacer un resumen, encontrar un dato...).

Activar conocimientos previos o buscar información sobre el tema del texto.

Hacer predicciones.

De visualización

 

Imaginar el contenido del texto.

Realizar o completar dibujos que representen el texto.

Representar el texto con marionetas o teatralizándolo.

De paráfrasis

Parafrasear.

De supervisión

 

Autopreguntas, especialmente las referidas a la propia comprensión.

Valoración del resultado de la aplicación de otras estrategias (parafrasear, sintetizar, autoexplicaciones).

Inferenciales

 

Relacionar entre sí informaciones del texto.

Relacionar la información del texto con conocimientos propios.

Realizar predicciones.

Autoexplicaciones, que pueden incluir los tres puntos anteriores.

De síntesis

 

Identificar la estructura del texto.

Identificar ideas importantes, Que se suele realizar subrayándolas o resaltándolas.

Resumir.

Tomar notas.

Construir organizadores gráficos.

De memorización

Hacerse preguntas sobre el texto y responderlas.

Sintetizar el texto con las estrategias de síntesis que se acaban de presentar.

Releer o revisar el texto.

De evaluación

 

Evaluar el logro de los objetivos o respuesta a las preguntas previas.

Identificar las herramientas o recursos utilizados para solucionar problemas de comprensión o para profundizar en el texto.

Valorar si han sido eficaces y pensar en alternativas más eficientes.

Fuente: Ripoll (2023, p. 71-73).