3. El desarrollo de la competencia lectora

3.2. La enseñanza directa o explícita: principios instruccionales para una enseñanza de la lectura bien fundamentada

Esencialmente, la enseñanza directa o explícita se caracteriza por una serie de apoyos o andamios, mediante los cuales se guía a los estudiantes a través del proceso de aprendizaje, por medio de verbalizaciones claras del propósito y las razones para aprender la nueva habilidad, explicaciones y demostraciones claras del objeto a aprender, y práctica guiada con retroalimentación hasta que se logre el dominio independiente. (Archer y Hughes, 2011, p. 1)

A pesar de su eficacia comprobada, la enseñanza explícita a menudo es mal interpretada e incluso despreciada. Es preciso aclarar que no se trata de una enseñanza magistral centrada únicamente en la transmisión de contenidos por parte del docente. Según Fernández, autor del blog Investigación docente, la enseñanza explícita es una enseñanza estructurada en la que la actividad del profesorado, mediante explicaciones claras, demostraciones y prácticas guiadas, busca fomentar la participación del alumnado y una mejor comprensión del objeto de aprendizaje.

La enseñanza explícita no se basa en un aprendizaje pasivo por parte del alumnado. Al contrario, como docentes, nuestra función es proporcionar una buena guía que solicite constantemente su participación y reflexión. Esta guía debe hacer que el alumnado se cuestione aquello sobre lo que está trabajando, lo anime y proporcione retroalimentación para que revise su propia comprensión del objeto del aprendizaje.

En las prácticas educativas de algunos centros, está muy arraigado un enfoque constructivista y de aprendizaje por descubrimiento en la enseñanza de la lectura, pero hemos de conocer también cuáles son sus limitaciones. Estos enfoques pueden obtener beneficios en contextos donde el alumnado ya ha adquirido una base sólida de conocimientos, pero no sucede así cuando se está iniciando en el proceso lector o manifiesta dificultades (ver Figura 20).

 

 Figura 20 Enseñanza explícita y por descubrimiento (Tapia, 2022)

La psicología cognitiva ha mostrado que la enseñanza sin una orientación adecuada puede sobrecargar la memoria de trabajo de quienes aprenden, lo que haría más difícil la adquisición efectiva de nuevas habilidades. La instrucción explícita, al proporcionar un conjunto de prácticas de enseñanza guiadas, claras y estructuradas, apoya el aprendizaje de una forma más eficiente, sobre todo en población que está iniciando el aprendizaje, que presenta dificultades o que está en riesgo de presentarlas. Algunos de esos principios instruccionales son: proporcionar objetivos claros, segmentar las habilidades complejas en otras más sencillas, determinar claramente los pasos que hay que seguir para una determinada tarea, ofrecer descripciones, definiciones amigables, explicaciones e incluso modelado. La prioridad es promover la participación activa del alumnado, aumentando así las posibilidades para interactuar con el profesorado, que será el encargado de proporcionar la retroalimentación necesaria, y el que guiará la práctica de forma sistemática, intensiva y repetida.

La investigación pedagógica en el aula lo confirma: los niños a quienes enseñamos de manera explícita qué letras corresponden a qué sonidos aprenden más rápido a leer y comprenden mejor los textos que otros niños que deben descubrir por sí solos el principio alfabético (Byrne y Fielding-Barnsley, 1995).

En lo que respecta al aprendizaje de la competencia lectora, podríamos hablar de unos principios instruccionales para la enseñanza explícita:

  • Segmentación de habilidades: dividir los aspectos que se van a enseñar. Por ejemplo, primero se enseña a identificar las vocales, luego se pasa a la enseñanza de las primeras consonantes y, conseguido esto, se enseña cómo se combinan las letras para ir formando sílabas y posteriormente palabras.
  • Explicitación del objetivo de aprendizaje.
  • Modelado claro: por ejemplo, un/a docente puede ejemplificar, mostrar cómo se lee un texto, con la entonación, las pausas… o puede reflexionar modelando el sonido de las letras y explicar cómo se producen y articulan esos sonidos y cómo se diferencian auditivamente.
  • Práctica guiada: el alumnado puede leer en voz alta y, si alguien tiene dificultades con la lectura de alguna palabra, podemos intervenir para apoyarlo.
  • Participación activa: hacemos que el alumnado se implique de forma dinámica en la lectura, haciendo preguntas interactivas que le permitan conectar con el texto. Por ejemplo, podemos pedirle que lea una parte específica del texto y luego proponerle reflexionar al respecto: «En esta parte del cuento, el lobo está tratando de engañar a la abuela. ¿Cómo crees que se siente la abuela? ¿Por qué piensas eso?». De este modo, además de estar involucrado en la lectura, el alumnado también ha de pensar de manera crítica sobre el texto, reflexionar sobre sus emociones y realizar predicciones.
  • Retroalimentación efectiva y centrada en la tarea: tras la lectura por parte del alumnado, ofrecemos comentarios: «Has leído muy bien, pero recuerda que cuando hay una coma tenemos que hacer una pequeña pausa. Y si hay un punto la pausa ha de ser mayor.»
  • Práctica independiente: cuando el alumnado ha demostrado que domina un aprendizaje, por ejemplo, leer oraciones con fluidez, se le anima a leer de forma autónoma en clase y en casa.

Figura 21Principios instruccionales para la enseñanza explícita de la competencia lectora

La enseñanza explícita tiene un respaldo robusto en la adquisición de las habilidades lectoras. Este enfoque beneficia especialmente a aquel alumnado que está aprendiendo conceptos nuevos y presenta dificultades de aprendizaje.