7. A modo de síntesis final

El abordaje de la competencia lectora, al igual que cualquier otra acción en la mejora educativa, se debería plantear desde la idea de ecosistema, cuyo modelo se asienta en cuatro elementos claves del ambiente ecológico de Bronfenbrenner (2001): “Proceso-Persona-Contexto-Tiempo” (PPCT). Acotar estos conceptos nos ha de servir para ampliar nuestro campo de acción y, a su vez, situar nuestra acción: proceso, como la fase de acomodación del individuo al contexto; persona, desde su patrón biológico, cognitivo, e individual; contexto, donde se desenvuelven los diversos subsistemas ecológicos y agentes participantes; y tiempo, como coordenada del momento en el que se desenvuelve la acción y que estará influenciada por el pasado y el futuro en perspectiva. 

A estas coordenadas espacio-temporales, donde se desenvuelven los agentes educativos, debemos incorporar la noción de modernidad líquida (Bauman, 2019), la cual añade un carácter mutable y dinámico, nunca invariable ni predeterminado, y cuya unidad no solo se produce desde las semejanzas, sino también desde las diferencias de los sujetos participantes que en ella cohabitan y se relacionan. De ahí surge la necesidad de diagnosticar los contextos desde sus propias identidades y necesidades, para marcar líneas conjuntas con la intención de transformar las necesidades en logros educativos.  

Estas concepciones evidencian la necesidad de afrontar cualquier desafío desde la innovación educativa, que encuentra su acicate en la necesidad continua de ajustar la metodología a los nuevos retos de enseñanza-aprendizaje, así como a los cambios legislativos, cuyo espíritu persigue nuevos enfoques continuamente, ya que la innovación convoca la creación, la asimilación y, por tanto, la percepción de lo novedoso (Vidal et al., 2022). Esta idea de innovación no puede entenderse desde el individualismo, sino desde la acción coordinada y sistémica de los diferentes agentes educativos para que adquiera un carácter sostenible y replicable. 

Partimos de Gómez (2019) para su delimitación respecto a la mejora de la competencia lectora en los diferentes niveles escolares en un centro educativo. En este sentido, se centra en el proceso generado a partir de detectar una necesidad educativa a la que se intenta dar respuesta con una novedad que conlleve la transformación del sistema y de quienes interactúan en él pues, como indican Blanco y Messina (2000), se trata de un “proceso encaminado a la solución de problemas de calidad, cobertura, eficiencia y efectividad en el ámbito educativo” (p. 20) mediante la participación deliberada de la comunidad educativa.

Sin embargo, puesto que las innovaciones son percibidas como una ruptura o cambio en la manera de afrontar nuestras prácticas docentes para atender una mejora educativa a partir de problemáticas detectadas (Moreira et al., 2020), estas se enfrentan a obstáculos para asentarse en la cultura de centro desde un enfoque colaborativo y desde el compromiso de todos los agentes involucrados en el proceso educativo. 

Siendo conscientes de que cada centro responde a una realidad singular, entre los factores que pueden generar una resistencia al cambio, establecemos los siguientes elementos de reflexión:

  • Cultura de centro. Esta cuestión puede agudizarse si nos enfrentamos a situaciones de individualismo y ausencia de cultura de trabajo en equipo, con centros donde no esté definido un liderazgo pedagógico ni un diseño de coordinación. Ante la diversidad de metodologías de enseñanza y los estilos de aprendizaje, es un aspecto que debe abordarse desde una visión sistémica para afrontar la transformación del centro.
  • Inestabilidad del profesorado en los centros educativos. La estabilidad del profesorado es fundamental para desarrollar proyectos educativos que puedan afrontar los retos de un centro educativo. Este panorama demanda un diseño consensuado entre los diferentes agentes educativos. En nuestro caso: un plan de lectura que se convierta en la hoja de ruta para cualquier docente que participe de la acción educativa del centro. 
  • Falta de formación. Muchos educadores no reciben la capacitación adecuada para implementar nuevas metodologías, lo que limita su efectividad, prefiriendo mantener su zona de confort ante las incertidumbres que puede originar un cambio en el modelo de su práctica de aula. Si a este aspecto le añadimos la sobrecarga curricular, estaremos incrementando la presión y el estrés docente que ha de cumplir con un currículo extenso y tiene poco espacio para la innovación y la experimentación en el aula.
  • Recursos limitados. La falta de materiales didácticos puede obstaculizar la implementación de prácticas innovadoras, provocando una dependencia hacia los libros de textos. Si a esta falta de recursos, se añade la falta de tiempo para la formación y el diseño de materiales, estaremos ante un factor clave que puede frenar el cambio deseado.
  • Evaluación inadecuada. Los sistemas de evaluación tradicionales pueden no captar adecuadamente el progreso en habilidades lingüísticas, dificultando la adaptación de métodos innovadores, lo que provoca una desconexión con la realidad. Así, a veces, las prácticas innovadoras no están alineadas con las necesidades y expectativas del contexto educativo en donde se pretenden implementar.

En este sentido, queremos cerrar esta formación con una dinámica reflexiva, con base en el pensamiento constructivo colectivo —Seis sombreros para pensar, de Edward de Bono (1988), para ayudar en la toma de decisiones (Figura 14). 


Figura 14. Seis sombreros para pensar

En nuestro caso, se centraría en deliberar desde el pensamiento del claustro –desde los diferentes agentes educativos– sobre la sostenibilidad e inclusión de una propuesta de transformación del centro educativo para la mejora de la competencia lectora.

Sombrero Blanco. Ponerse este color ofrece tomar perspectiva desde la objetividad de los hechos ante un reto que nos lleva ampliar nuestra zona de confort.

  • Reflexiones: ¿Qué información tenemos?, ¿qué información necesitamos?, ¿qué preguntas necesitamos hacernos?, ¿cómo vamos a conseguir la información que nos falta?

Sombrero Rojo. El sombrero rojo da el punto de vista emocional, entre las sensaciones se encuentra la empatía, la idea de pertenencia a un proyecto.

  • Reflexiones: Lo contrario de la objetividad. Intuición, sentimientos, impresiones. No hay necesidad de justificarse.

Sombrero Negro. Las ideas que se debaten con este color se refieren a los aspectos negativos, por qué algo no se puede hacer, las inseguridades o desinformación.

  • Reflexiones: ¿Qué puede hacer que esta idea no funcione? Hemos de destacar los problemas y errores. Hay que destacar los riesgos. ¿Es esta la única opción?

Sombrero Amarillo. Nos referimos a los pensamientos optimistas y en la confianza de realización de un cambio desde la esperanza y el pensamiento positivo.

  • Reflexiones: Destacar el punto de vista positivo, los beneficios, las razones, los ¿y si…?

Sombrero Azul. Se refiere a pensar desde los aspectos del control y la organización del proceso de implantación de las ideas.

  • Reflexiones: Control sobre los otros sombreros, organización, vista general, comienzo, conclusión.

Sombrero Verde. Nos movemos en el ámbito del pensamiento de la creatividad e ideas nuevas para transformar las necesidades del centro.

  • Reflexiones: Búsqueda de estrategias nuevas ante un reto: alternativas, conceptos, ideas, creatividad, cambio.