6. El mapa de géneros discursivos como inclusión de las áreas y retos educativos en el diseño del plan lector

6.3. Aprender a leer, leer para aprender: las técnicas de estudio

Un aspecto que no debemos olvidar son las aportaciones de la competencia en comunicación lingüística en la competencia aprender a aprender. Su carácter transdisciplinar se hace evidente en diversidad de prácticas académicas en donde los estudiantes han de acceder o transmitir los contenidos de las asignaturas –toma de apuntes, realización de exámenes, resúmenes, elaboración de mapas conceptuales, subrayado de ideas principales…–, es decir, la manipulación de la información y su transformación en conocimiento. Integrar todos estos procesos –lectura y escritura académica– en el ámbito del aprendizaje es uno de los retos para mejorar los resultados académicos que mantiene una dependencia de lo literal en la lengua escrita (Ruiz Flores, 2009).


Las técnicas de estudio o también llamadas técnicas de trabajo intelectual (TTI) se definen como aquellos mecanismos o instrumentos que los educadores tenemos para facilitar y asegurar los objetivos y contenidos que vamos a desarrollar en nuestras áreas. Son, pues, procedimientos que van a mejorar la capacidad de estudio. Así, los pasos que debe realizar un alumno para aprehender el contenido de un texto deben sistematizarse en un proceso de gestión y estructuración de la información (Figura 11):


1. Leer globalmente el texto

2. Leer cada párrafo. Poner títulos

3. Repasar los títulos

4. Detectar la organización interna del texto

5. Localizar los componentes de la organización

6. Construir el esquema 

7. Construir el significado: resumen

8. Hacerse preguntas sobre el texto

Figura 11: Aprender a aprender desde la competencia lingüística


Fuente: Romero (2010a)

En esta línea, encontramos el método Cornell (Cornell Note Taking System), basado en las llamadas 5R: registrar, resumir, repasar, reflexionar y revisar. La posibilidad de sistematizar los diversos procesos cognitivos y destrezas lingüísticas que intervienen se basa en una estrategia simple: la distribución de una hoja en espacios (Figura 12) que, además, puede constituirse en referencia para la elaboración de un portafolio del estudiante en cualquier asignatura:

Figura 12. Método Cornell. Distribución de espacios de la hoja


  • Registrar o apuntar la información que se origina en las diversas situaciones comunicativas orales (conferencias, exposiciones, clases…) o escritas (manuales, bibliografía, fuentes diversas…). Debemos incluir esta información en el cuerpo de texto. El empleo de abreviaturas y símbolos nos pueden servir para agilizar la recogida de una mayor información.
  • Resumir o analizar las ideas fundamentales de cada párrafo. Después del registro y el subrayado de la información, debemos poner los títulos o palabras clave para sintetizar el contenido de los párrafos. Las palabras clave o títulos son términos que engloban la información referente a un párrafo. Situar estos títulos en la columna izquierda de la hoja nos facilitará el repaso del contenido que aparece en el cuerpo del texto.
  • Repasar o afianzar la estructura del texto elaborado. Si tapamos la zona del cuerpo del cuerpo del escrito, podremos realizar mentalmente la revisión de la secuencia de ideas.
  • Reflexionar o autoevaluar nuestro dominio no solo de la información sino de la estructura del texto. Podemos hacernos preguntas sobre conceptos o elementos que pueden ser preguntados en un examen o defensa del tema.
  • Recapitular o señalar en el espacio inferior de cada hoja aquellos datos de ampliación de bibliografía, concretar conceptos específicos, dudas que hayan surgido y queramos plantear en posibles sesiones de clase o tutoría.