4. La brecha de género en el diseño del plan lector

La igualdad de género es un principio fundamental reconocido internacionalmente y constituye uno de los pilares para el desarrollo sostenible de las sociedades. Los organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Unión Europea han subrayado la importancia de la igualdad de género como un objetivo crítico para el progreso global. En el campo de la educación específicamente, garantizar la igualdad de género es esencial para asegurar que todas las personas tengan acceso a oportunidades educativas, con la finalidad de alcanzar la conformación de sociedades más justas y equitativas.

Entendemos “igualdad de género” en relación con la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de mujeres y hombres, niñas y niños. Esto no implica que mujeres y hombres sean iguales, pero sí que sus derechos, responsabilidades y oportunidades no dependan de si nacen mujeres o hombres. Según ONU Mujeres (2020), la igualdad de género no es solo un derecho humano fundamental, sino una base necesaria para un mundo pacífico, próspero y sostenible. A través de esta definición, la ONU destaca que la igualdad de género es un derecho humano básico y esencial para el bienestar general de las sociedades.

A nivel global, uno de los principales obstáculos para alcanzar la igualdad de género en la educación es la persistencia de las brechas de género en el acceso y la participación en el sistema educativo, especialmente en las regiones más pobres del mundo. De acuerdo con el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo de la UNESCO (2020), si bien ha habido un progreso considerable en la reducción de la brecha de género en la educación primaria, persisten disparidades significativas en la educación secundaria y terciaria en muchas regiones. En particular, las niñas de regiones como África subsahariana, Asia meridional y partes de Oriente Medio se enfrentan a barreras que limitan su acceso a la educación, tales como matrimonios infantiles, embarazos adolescentes y normas sociales que priorizan la educación de los niños sobre las niñas.

Además, las niñas que logran acceder a la educación a menudo enfrentan un entorno educativo que no es equitativo en términos de oportunidades de aprendizaje. A nivel global, las niñas tienden a estar subrepresentadas en áreas clave como las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), lo que perpetúa la segregación ocupacional basada en el género y limita las oportunidades económicas para las mujeres en el futuro. Según el Banco Mundial (2019), solo el 35 % de los estudiantes matriculados en carreras relacionadas con STEM en la educación superior a nivel global son mujeres.

En el contexto educativo, la igualdad de género implica garantizar que todas las niñas y niños tengan el mismo acceso a la educación y a oportunidades de aprendizaje, sin discriminación ni estereotipos basados en su género. El documento titulado Del acceso al empoderamiento: Estrategia de la UNESCO para la igualdad de género en y a través de la educación (2019-2025) subraya que, a pesar del progreso en el acceso a la educación en las últimas décadas, persisten barreras importantes que perpetúan las desigualdades de género.

En ese sentido, se destaca la necesidad de que los sistemas educativos adopten un enfoque transformador para abordar no solo el acceso a la educación, sino también la calidad de la experiencia educativa, los contenidos de aprendizaje y los entornos escolares, que deben ser libres de estereotipos y barreras discriminatorias. La UNESCO enfatiza que la igualdad de género en la educación no puede lograrse sin una acción decidida para eliminar los estereotipos de género en los materiales didácticos y en la formación de los docentes, quienes juegan un papel crucial en la reproducción o superación de las desigualdades de género.

En el contexto europeo, los desafíos para lograr la igualdad de género en la educación se manifiestan de manera diferente, aunque persisten problemas estructurales similares. La Unión Europea, a través del Pacto Europeo por la Igualdad de Género (2021-2030), se ha comprometido a garantizar la igualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida, incluida la educación. Aunque la brecha de género en el acceso a la educación ha disminuido significativamente en la mayoría de los países europeos, persisten problemas relacionados con la segregación de género en ciertas disciplinas académicas y profesiones.

En Europa, las mujeres están subrepresentadas en los campos STEM y en los cargos de liderazgo académico. Según datos de Eurostat (2021), las mujeres representan solo el 41 % de los estudiantes de doctorado en áreas STEM en la Unión Europea, y ocupan solo el 24 % de los puestos académicos de nivel superior en estas disciplinas. Esta desigualdad en la representación afecta no solo a las oportunidades laborales de las mujeres, sino también a su capacidad para influir en el desarrollo de políticas e investigaciones en áreas clave para el futuro, como la tecnología y la innovación.

Por otro lado, los estereotipos de género siguen afectando a las decisiones académicas y profesionales de los estudiantes. La Comisión Europea (2020) subraya que las normas de género tradicionales aún influyen en la elección de carreras, lo que conduce a una segregación horizontal en el mercado laboral, donde las mujeres tienden a concentrarse en sectores de servicios y bienestar, mientras que los hombres predominan en sectores como la ingeniería y la tecnología.

A lo largo de las últimas décadas, los organismos internacionales han propuesto diversas políticas para abordar estos desafíos y promover la igualdad de género en la educación. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas establece en su Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4 la necesidad de “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”, mientras que el ODS 5 está dedicado exclusivamente a “lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas”. Estos objetivos están estrechamente interrelacionados, ya que la educación es vista como un motor clave para la igualdad de género.

La Estrategia para la Igualdad de Género 2020-2025 de la Unión Europea establece como prioridad cerrar las brechas de género en la educación y el empleo, y propone políticas para fomentar una mayor participación de las mujeres en áreas tradicionalmente dominadas por hombres, como STEM y las TIC (tecnologías de la información y la comunicación). La estrategia también hace un llamado a los Estados miembros para que promuevan políticas educativas que desafíen los estereotipos de género y fomenten una mayor equidad en todas las etapas educativas.