4. Las estrategias de lectura

4.6. Supervisar

La estrategia de supervisar consiste en comprobar conscientemente si se comprende o no se comprende un texto durante su lectura. El lector debe preguntarse si está comprendiendo el texto y si es capaz de explicar el texto con sus propias palabras. Si la respuesta es afirmativa, se continúa leyendo; en cambio, si la respuesta es negativa, se hace necesario identificar las dificultades de comprensión, es decir, aquello que nos impide comprender el texto. Así, podemos encontrarnos con varios motivos que dificultan la comprensión del texto como, por ejemplo, el desconocimiento de una palabra o de una expresión, la falta de conocimientos sobre el tema o la ausencia de coherencia y relación con otras partes del texto. Ante estos problemas, el lector debe saber cómo actuar. A continuación, se presentan algunas sugerencias de trabajo para enseñar esta estrategia.

Releer. ¿Leer es releer? No siempre, pero sí es cierto que una estrategia habitual de los lectores competentes cuando detectan que no comprenden un texto –que no se han enterado– es volver a leer el fragmento que les causa problemas e, incluso, continuar leyendo para ver si de esta manera se hacen una idea general que les permite una mayor comprensión. 

Cabe señalar que durante la lectura, en ocasiones, es necesario ajustar la velocidad y la dirección de la lectura. Es conocida la frase de Woddy Allen sobre la lectura rápida: “Hice un curso de lectura rápida y leí Guerra y paz en veinte minutos… Va de Rusia”. Más allá del chiste, el lector debe saber no solo cuándo detener la lectura, sino también a qué velocidad leer en función de su objetivo y de la propia dificultad del texto. A veces, podrá leer más rápido, otras más despacio. Es probable que tenga que volver a leer un fragmento o adelantar la lectura para buscar una información.

Aplicar otras estrategias. Ante la falta de comprensión, el lector deberá poner en marcha otras estrategias que contribuyan a la comprensión de su texto como subrayar, tomar notas, hacerse preguntas o resumir el texto. Asimismo, puede consultar en el diccionario las palabras que no comprende, leer más despacio, buscar las palabras clave o las ideas importantes o deducir los significados a partir del contexto. Es importante hacer que los estudiantes reflexionen sobre cuándo encontraron el problema y cómo lo resolvieron, así como sobre cuáles fueron las estrategias que les resultaron más útiles.

Marcar. Consiste en proponer a los estudiantes que utilicen diferentes signos para señalar en el texto aquello que no comprenden, que les parece interesante o importante, que han aprendido o que les ha gustado. En este sentido, puede resultar útil transmitir a los estudiantes que los textos son una herramienta para su aprendizaje y que pueden señalar con un lápiz aquellos fragmentos que les han llamado la atención por algún motivo. 

Usar listas de control. Consiste en hacer que los estudiantes completen una ficha en la que puedan comprobar su capacidad para saber cuál es el tema del texto y las ideas principales, resumirlo o relacionar unas ideas con otras en función de las partes del texto. 

Simular errores de comprensión. El docente comparte con los estudiantes un texto y comete errores de interpretación de forma consciente. Los estudiantes tendrán que identificar esos errores y corregir al profesor, explicando por qué se ha equivocado. El objetivo es acostumbrar a los estudiantes a detectar y corregir fallos de comprensión. 

Analizar textos manipulados. Consiste en realizar un análisis con textos con léxico desconocido, con contenidos con los que no están familiarizados los estudiantes o con ausencia de relación entre las ideas que aparecen en el texto. A continuación, se presenta un ejemplo de un texto sobre los hábitos de ahorro energético con errores de diferente tipo para trabar la estrategia de supervisión. 

Ahorrar energía en casa

El ahorro energético es fundamental para cuidar el medio ambiente y reducir el uso de recursos naturales. Algunas formas de ahorrar energía incluyen apagar las luces cuando no las usamos, reciclar plásticos y apagar los aparatos eléctricos en modo de espera. 

Otro hábito importante es utilizar bombillas LED, que consumen más energía que las tradicionales, pero duran menos tiempo. Además, es importante usar el coche para viajes cortos, ya que esto reduce las emisiones contaminantes.

En casa, también podemos ahorrar energía al cocinar. Por ejemplo, es mejor usar el horno con la puerta abierta, ya que permite que el calor salga y cocine los alimentos más rápido.

Por último, ahorrar energía ayuda a reducir la contaminación del aire, ya que se emiten menos gases tóxicos al utilizar energías renovables, como el carbón o el petróleo.

Algunos de los errores que aparecen el texto son:

  • Reciclar plásticos no está relacionado con el ahorro energético. 
  • Las bombillas LED consumen menos energía que las tradicionales. 
  • Se debe evitar el uso del coche en viajes cortos.
  • La puerta del horno abierta hace que se pierda el calor.
  • El carbón y el petróleo no son energías renovables. 

La actividad puede consistir en una primera lectura del texto por parte del profesor o de algún estudiante. Antes, se debe compartir con ellos que el objetivo es aprender a utilizar la estrategia de supervisar su propia comprensión y cuestionarse sobre lo que leen. Para ello, deberán identificar posibles errores que haya en el texto. Se puede dividir el texto en párrafos y solicitarles que trabajen individualmente, en parejas o en grupos pequeños. Deberán subrayar aquellas partes o ideas del texto que les llamen la atención por su ausencia de sentido o porque crean que son erróneas. Asimismo, se les puede indicar que escriban al margen qué y por qué hay algo mal. Posteriormente, en grupo se comparten y comentan los errores identificados y las estrategias que han utilizado para detectarlos y solucionarlos. También, se puede proponer como actividad final que comparen el texto con una versión correcta o que reescriban el texto cambiando lo que estaba mal.