2. Aprender a leer: el desarrollo de la alfabetización inicial

2.4. Dos formas de procesar la lectura

La lectura es un proceso complejo que involucra distintas estrategias cognitivas para reconocer y comprender palabras. Según el modelo de las dos rutas de lectura propuesto por Coltheart (2005), existen dos formas principales de procesar el texto: una ruta que implica la decodificación fonológica y otra que permite acceder directamente al significado de palabras familiares. Ambas rutas son fundamentales en el desarrollo de la competencia lectora, especialmente en los primeros años de alfabetización, donde los estudiantes comienzan a construir su “léxico ortográfico” y a automatizar la lectura. Las rutas de lectura operan con mecanismos distintos. A continuación, se explican estas dos rutas y cómo cada una contribuye al proceso lector:

  • La ruta de la mediación fonológica o ruta subléxica: la persona que lee aplica las reglas de correspondencia entre grafemas y fonemas. Segmenta los sonidos, los ensambla en una unidad completa y dice la palabra. Cuanto más larga sea la palabra o la complejidad de las sílabas, más difícil resultará su lectura. Esta ruta nos permite leer y descifrar palabras nuevas.
  • La ruta léxica: esta ruta se activa cuando la palabra se ha leído con anterioridad a través de la vía subléxica y se almacena mentalmente en el “léxico ortográfico”. Su recuperación es más rápida y no se necesita una decodificación de cada uno de los grafemas de la palabra, sino que se da una automatización de la lectura. Durante los primeros años de alfabetización, la mayoría de los niños adquieren una gran cantidad de información que amplía este componente del sistema lector. Con el tiempo, la lectura y la escritura, influenciadas por las necesidades, intereses y el esfuerzo continuo en la escuela, contribuyen a llenar y enriquecer este léxico ortográfico. 

Pero… ¿leer no era comprender? Sí, claro, la capacidad de pronunciar palabras escritas no nos garantiza la comprensión del texto, pero es una condición ineludible. Para que un estudiante dedique todos sus recursos cognitivos a la comprensión del texto que lee es crucial un programa de enseñanza de la lectura que le facilite este proceso. En este sentido, debemos lograr que los procesos básicos de lectura, como la decodificación o el reconocimiento y la comprensión de palabras, se automaticen lo suficiente como para que el esfuerzo mental se enfoque en comprender el contenido, sin importar el género o la dificultad del texto.

Muchos problemas de comprensión –aunque no todos– están relacionados con un reconocimiento de palabras ineficaz. Cuando hablamos de “malos comprendedores”, no solo nos referimos a estudiantes con dificultades para entender textos, sino también, en muchos casos, a aquellos con problemas en la lectura de palabras. Existe, por lo tanto, una cadena causal: las habilidades de reconocimiento y comprensión de palabras son la base de la comprensión global; esta comprensión, a su vez, promueve la práctica de la lectura, y dicha práctica refuerza y mejora las habilidades léxicas.

La autonomía en la lectura empieza con una lectura eficaz de palabras. La identificación rápida y automática de palabras es fundamental en un sistema de comprensión con capacidad limitada. Las investigaciones subrayan que los niños que son buenos decodificadores se insertan rápidamente en una espiral positiva: mejor comprensión, mayor motivación para leer y, en consecuencia, mayor cantidad de lectura.