2. Aprender a leer: el desarrollo de la alfabetización inicial

2.1. Las diferencias entre la lengua oral y la lengua escrita

Antes de que los estudiantes aprendan a leer, ya son capaces de hablar y entender una lengua oral sin dificultades. Esto indica que el cerebro ya está organizado con varias áreas que controlan el lenguaje. La adquisición del lenguaje oral es un proceso implícito e inconsciente, que ocurre de manera natural sin necesidad de enseñanza formal. Por ello, un niño inmerso en un entorno lingüístico pronto reconocerá y comprenderá palabras y frases. Aproximadamente, durante el primer año comenzará a producir lenguaje, primero a nivel léxico y luego a nivel morfológico y sintáctico. 

La lengua escrita, sin embargo, sigue un proceso diferente. La escritura, a diferencia del habla, es una invención cultural relativamente reciente en la historia de la humanidad. Por esta razón, el cerebro no está naturalmente equipado desde el nacimiento con un área específica para el lenguaje escrito. Aprender a leer es un proceso que requiere tiempo y enseñanza. Simplemente, estar expuesto a la lengua escrita no garantiza que alguien aprenda a leer, si no no existirían las personas analfabetas. 

La lengua escrita es un instrumento poderoso que permite sistematizar, conservar, compartir y transmitir conocimientos a lo largo del tiempo. A diferencia de la lengua oral, que es efímera y desaparece en el instante en que se pronuncia, la escritura tiene un carácter perdurable: puede ser almacenada y consultada, creando un registro estable que trasciende generaciones. Esta permanencia permite que los saberes acumulados se organicen y evolucionen, constituyendo la base de la transmisión cultural y científica. Sin embargo, esta estabilidad exige una serie de convenciones y reglas que aseguren la comprensión del mensaje en distintos tiempos y contextos. En el caso del español, la lengua escrita cuenta con un registro estándar, que funciona como un código común para los hispanohablantes, superando las múltiples variedades lingüísticas y dialectales presentes en la oralidad. Este carácter normativo y estandarizado de la lengua escrita facilita la claridad, precisión y rigor en la comunicación, haciendo posible que las ideas y conocimientos se mantengan consistentes y accesibles a lo largo del tiempo y en diversas regiones.