Libro 1. De la lectura a la comprensión lectora: conceptualización, elementos constituyentes y encuadres
3. La lectura como práctica escolar y social
3.1. La lectura en el ámbito escolar
Esta concepción de prácticas lectoras situadas implica que los estudiantes deben ser capaces de comprender, interpretar y desarrollar una amplia variedad de tipos de texto, y de relacionar estos textos con el contexto en el que aparecen. La diversidad de contextos y textos requiere una planificación por parte del docente que tenga en cuenta el nivel competencial del alumnado. Este nivel hace referencia a la capacidad del estudiante para abordar diferentes tipos de textos y extraer el significado adecuado en función de sus habilidades y conocimientos previos.
Es posible identificar dos tipos de textos: textos continuos y textos discontinuos. Los primeros incluyen descripciones, narraciones, exposiciones, argumentaciones e instrucciones, que se caracterizan por seguir una estructura secuencial y coherente en el desarrollo de ideas. Por otro lado, los textos discontinuos comprenden formularios, anuncios, gráficas, diagramas, tablas y mapas, que no requieren una lectura lineal y presentan la información de manera fragmentada o visual. Ambos tipos de textos son esenciales en distintos contextos de comunicación.
Por otro lado, el nivel competencial de los estudiantes nos ha de llevar a diferenciar nuestros enfoques para afrontar el reto de la enseñanza de la lectura: las prácticas de aula marcarán nuestra intención como docentes para que los estudiantes no solo sean capaces de leer un texto, sino también de comprenderlo, aplicarlo y disfrutarlo en función de su contexto. Para ello, se distinguen dos tipos de planteamientos:
Lectura intensiva: En este enfoque, el estudiante aprende a analizar detalladamente un texto, mediando en la construcción del significado a través de la adquisición de vocabulario, ideas y estructuras textuales. Es el tipo de lectura que se realiza cuando se trabaja de manera minuciosa en la comprensión profunda del texto, donde el objetivo es "aprender a aprender".
Lectura extensiva: En este caso, el énfasis está en que el estudiante sea capaz de disfrutar y aplicar lo que ha aprendido en contextos más amplios. La lectura extensiva busca que el estudiante desarrolle una comprensión global del texto, basada en sus intereses y vivencias, fomentando el placer de leer y su capacidad para enfrentarse a textos más amplios.
Imagen 1: Enfoques de la lectura: intensiva versus extensiva
Fuente: A partir de Romero (2022)CC BY-SA 4.0[fa-external-link]
Descripción textual[fa-external-link]
Un enfoque intensivo permite a los estudiantes mejorar sus habilidades cognitivas para abordar textos más complejos, mientras que el enfoque extensivo fomenta el disfrute de la lectura y la aplicación de lo aprendido en situaciones de la vida real. Ambos enfoques son esenciales para formar lectores autónomos, capaces de enfrentarse a los desafíos de la lectura tanto en el ámbito escolar como en el social.
Desde estas concepciones de la lectura, un enfoque intensivo en su enseñanza sitúa el "aprender a aprender a leer" como eje central. Este enfoque promueve la adquisición de vocabulario, ideas y estructuras textuales a través de textos breves, que facilitan el desarrollo de habilidades cognitivas necesarias para acceder al significado de los textos. De esta manera, estaremos formando lectores autónomos, capaces de enfrentarse a las distintas prácticas lectoras en contextos tanto escolares como sociales. Además, este proceso proporciona a los estudiantes las herramientas para disfrutar de la lectura por placer, mientras activan sus capacidades para resolver los desafíos que se presentan en distintos ámbitos de lectura.
La lectura extensiva, en cambio, complementa el enfoque intensivo al centrarse en la aplicación práctica de las habilidades adquiridas. Permite a los estudiantes experimentar y desarrollar la capacidad de interpretación de textos más amplios y contextuales, fomentando el disfrute de la lectura mientras se consolidan los aprendizajes. Este proceso comienza con un andamiaje proporcionado por el docente en el enfoque intensivo, y culmina con la activación de habilidades en contextos más complejos propios de la lectura extensiva.
Es fundamental, por lo tanto, formar lectores inteligentes, voluntariosos, asiduos, críticos y autónomos que experimenten placer e incorporen la lectura a sus actividades cotidianas y que, además, puedan producir textos coherentes y adecuados. Para lograrlo, los estudiantes necesitan interiorizar modelos textuales, y proporcionárselos debe ser una tarea prioritaria de la escuela (Mac, 1999).
En las diferentes áreas curriculares, tanto lingüísticas (AL) como no lingüísticas (ANL), nos encontramos con una diversidad de géneros discursivos que deben ser abordados desde este doble planteamiento. Estos géneros incluyen textos de carácter transversal como resúmenes, esquemas o exposiciones, y textos más específicos, tales como comentarios, informes o narraciones. Asimismo, también debemos considerar aquellos géneros propios de la vida cotidiana y de los medios de comunicación, como correos electrónicos, noticias o textos de opinión.
La contribución de cada asignatura dependerá de un enfoque coordinado que integre los textos propios de cada área, donde las asignaturas lingüísticas asumirán el rol de enseñanza de las diversas tipologías textuales, mientras que las no lingüísticas fomentarán su uso en contextos reales. Este trabajo requiere de una coordinación horizontal y vertical entre materias, departamentos y etapas del centro educativo, para consolidar una visión colegiada y sistemática sobre el enfoque lector del proyecto de centro.
En este sentido, en el marco de la enseñanza de la lectura, la coordinación entre las distintas áreas del currículo y los niveles educativos es fundamental para asegurar una práctica coherente y efectiva. La lectura no puede abordarse de manera aislada en una única asignatura, sino que debe ser entendida como una competencia transversal que involucra tanto a las áreas lingüísticas como a las no lingüísticas. Para facilitar esta integración, es esencial contar con una planificación conjunta y una alineación en los objetivos y enfoques entre los diferentes actores educativos. A continuación, en la Figura 2, se presenta un esquema que ilustra las principales cuestiones que deben ser consideradas para coordinar la enseñanza de la lectura en el centro educativo. Esta figura refleja cómo la colaboración entre materias, etapas y departamentos contribuye a formar lectores competentes, capaces de aplicar sus habilidades lectoras en distintos contextos.

Imagen 2: La planificación de la lectura desde una visión de centro.
Elaboración propia, CC BY-SA 4.0[fa-external-link]
