3. La lectura como práctica escolar y social

El título del manual escrito por Montserrat Fons (2004), Leer y escribir para vivir, nos introduce en el enfoque que queremos tratar en este apartado. El subtítulo del libro —Alfabetización inicial y uso real de la lengua escrita en la escuela— refleja cómo el uso auténtico de la lengua escrita, con una adecuada intervención del maestro o la maestra, facilita que los niños y niñas aprendan a leer y escribir con sentido, es decir, para vivir. Aunque este enfoque se aplica principalmente a los niveles iniciales de la educación infantil y primaria, su relevancia abarca todos los niveles educativos, ya que la lectura es fundamental para formar ciudadanos críticos, capaces de interpretar la realidad que los rodea.

Desde esta visión sociocultural, la lectura se aborda en la escuela bajo un doble planteamiento. Por un lado, existen las prácticas lectoras dominantes que están institucionalizadas, como la lectura obligatoria, los exámenes y los trabajos escritos, las cuales se enfocan en cumplir los objetivos del currículo desde una perspectiva más académica. Por otro lado, están las prácticas lectoras vernáculas o autogeneradas, es decir, aquellas formas de lectura y escritura que los estudiantes realizan de manera personal y espontánea en su vida diaria, como los mensajes de texto, los chats en línea o los diarios personales. Estas prácticas no siguen normas institucionales ni se enseñan formalmente, pero son igualmente significativas para el desarrollo lector.

Ambos tipos de prácticas, tanto las institucionalizadas como las vernáculas, deben ser valoradas y tenidas en cuenta por los docentes. Aunque a menudo criticamos estas últimas como una posible causa de las dificultades lectoras de los estudiantes, debemos entenderlas como parte del contexto social e idiomático en el que el lector se mueve. Este contexto es clave para ayudar a los estudiantes a construir el significado de lo que leen, integrando lo aprendido en el currículo con las experiencias que traen de su vida cotidiana (Romero, 2022).

Esta perspectiva se alinea con los planteamientos del Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas (2002), que sitúa cada acto de lectura y uso del lenguaje en un contexto específico dentro de uno de los ámbitos en que se organiza la vida social. Estos ámbitos incluyen:

  • Ámbito personal: en el que la persona se relaciona con su vida privada, familia y amigos, realizando prácticas individuales como leer por placer o escribir un diario.

  • Ámbito público: donde la persona actúa como miembro de la sociedad, realizando transacciones o interacciones sociales, como leer documentos oficiales o informes.

  • Ámbito profesional: relacionado con las actividades laborales, donde se leen manuales, formularios, o documentos propios de su ocupación.

  • Ámbito educativo: vinculado a la participación en formas organizadas de aprendizaje dentro de una institución educativa.