Libro 1. De la lectura a la comprensión lectora: conceptualización, elementos constituyentes y encuadres

6. La lectura situada: entre el currículo y la funcionalidad de su enseñanza

En este curso proponemos un enfoque transversal de la enseñanza de la lectura. Enseñar a leer no debe limitarse exclusivamente al área de Lengua, sino que debe extenderse a otras asignaturas del currículo. Si consideramos que leemos para obtener información, aprender, entretenernos y desarrollar juicio crítico, ¿por qué no incorporar actividades en otras áreas que contribuyan a estos objetivos? No se trata solo de enseñar las estructuras de los textos narrativos o descriptivos de manera aislada en Lengua, sino de aprovechar los textos presentes en diversas disciplinas para desarrollar las destrezas de comprensión lectora (Núñez, 2015). 

Es crucial diferenciar entre leer para aprender y aprender a leer textos. Todos los tipos de textos (narrativos, expositivos, descriptivos, argumentativos) están presentes en las diversas áreas del currículo, lo que ofrece una oportunidad para que los docentes de otras disciplinas asuman la lectura como una parte integral de su responsabilidad pedagógica. De este modo, los profesores que comprendan los procesos involucrados en la lectura y las actividades que pueden implementar tendrán una mayor capacidad para desarrollar la competencia en comprensión lectora entre sus estudiantes (Núñez, 2015).

La lectura como elemento situado en el currículo y su funcionalidad se delimita en el desarrollo de la competencia en comunicación lingüística desde las diferentes áreas disciplinares (Imagen 10)


Imagen 10. Competencia en comunicación lingüística (CCL): rasgos y conceptoFuente: Elaboración propia CC BY-SA 4.0[fa-external-link]

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Se habla ahora de competencia comunicativa (capacidades lingüísticas), de términos de aprender a aprender (capacidades de autodirección del aprendizaje) y de actitudes y valores (aprendizaje basado en proceso de enriquecimiento global de la persona y los grupos sociales) —al que se le une un aprendizaje humanista— cuyos procesos y resultados implican a la totalidad de la persona, incluyendo sus vivencias y experiencias del estudiante, más allá de acotarse a su dimensiones intelectual y racional).

Desde esta perspectiva didáctica, el docente necesita concretar las condiciones óptimas de aprendizaje en el aula desde un enfoque comunicativo. El objetivo principal que se marca el enfoque comunicativo [Communicative Approach] para la enseñanza de la lengua no es otro que capacitar para la práctica adecuada en la producción y comprensión de textos, lo que “se traduce en una metodología que orienta la enseñanza del lenguaje hacia las destrezas y las habilidades, incorporando la diversidad de la lengua en uso y enfatizando su carácter social, a partir del texto como unidad mínima de comunicación” (Lomas, 2014, p. 65).

Este planteamiento del enfoque comunicativo puede observarse en la  imagen 11. Las situaciones del aula evidencian, de manera natural, como la competencia en comunicación lingüística se desarrolla desde el uso de las diferentes destrezas, impregnando y cohesionando los procesos de aprendizaje.

Enfoque comunicativo en el aula

Imagen 11.  Enfoque comunicativo e interacción en aula. Fuente: Elaboración propia CC BY-SA 4.0[fa-external-link]

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Para ello, se pueden considerar tres factores nucleares en la contextualización de los procesos de enseñanza-aprendizaje (Romero, 2007):

  1. La sistematización de la actividad y de los objetivos que queramos obtener de nuestra práctica docente. La comprensión lectora no debe estar separada del aprendizaje de las diversas materias curriculares ni ajena a los intereses lectores —búsqueda de núcleos de interés, interdisciplinariedad, programaciones graduadas que se adapten a las diferentes necesidades del aula, transversalidad, actividades complementarias integradas en el currículum, dinámica de actividades de grupo durante la elaboración del trabajo…).

  2. Intercalar las diferentes destrezas comunicativas, tanto orales como escritas, en el proceso de interacción en el aula, ya que esta alternancia de modos y registros ayuda no solo a la construcción global del significado del texto, sino también a ampliar las perspectivas de aprendizaje de los estudiantes. El significado no es único y cerrado, queda abierto a inferencias e interpretaciones que se construyen en la cultura del aula desde la mediación docente.

  3. La organización espacial y física del aula, en donde se rompa con la estructura clásica de la alineación de estudiantes frente al docente; se debe, y es otra de las metas, romper con dicha disposición para dar paso a otra ubicación como puede ser la estructura de herradura para facilitar la dinámica de grupos y la formación de microgrupos.

Siguiendo un modelo inclusivo, la competencia comunicativa se convierte en un eje vertebrador del diálogo y de la construcción del conocimiento mediante la interacción que ofrece el aula. Romero y Jiménez (2015) proponen, entre otras, diversas dinámicas (imágenes 12 y 13), atendiendo a los distintos tipos de agrupamientos que van a facilitar la interacción en el aula:


Herradura

 Imagen 12. Dinámicas de interacción: disposición en herradura. Fuente: A partir de Romero y Jiménez (2015)CC BY-SA 4.0[fa-external-link]

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microgrupos

Imagen 13. Dinámicas de interacción: disposición en microgrupos. Fuente: Romero y Jiménez (2015). CC BY-SA 4.0[fa-external-link]

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Estas dinámicas de aula deben servir para crear un entorno educativo dinámico, participativo y, sobre todo, crítico entre los estudiantes. Además de los beneficios académicos, contribuyen al desarrollo de valores como la cooperación entre iguales y el respeto del pensamiento y la opinión de los demás. Proporciona oportunidades reales de aprendizaje desde el descubrimiento compartido del conocimiento y la mirada crítica/reflexiva del entorno y la realidad, interactuando con sus iguales y con usuarios competentes del lenguaje. A su vez, permite el desarrollo de la competencia lingüística de manera interdisciplinar, enfrentando al alumno con experiencias comunicativas auténticas. Asimismo, logra atender el entorno lingüístico y determinar la influencia entre dominio lingüístico y éxito académico. Posibilita fomentar hábitos lectores y de escritura vernáculos y académicos en diferentes contextos — uso personal (leer novelas o cartas), uso público y funcional (leer documentos oficiales o informes, manuales, formularios), y uso educativo (leer libros de texto o ejercicios).

En definitiva, como indica Martínez (2001), para participar efectivamente en la sociedad actual es preciso:

[...] apostar por un modelo pedagógico, no solamente escolar, en el cual se procure que la persona construya su modelo de vida feliz y al mismo tiempo contribuya a la construcción de un modo de vida en comunidad justo y democrático. Esta doble dimensión individual y relacional, particular y comunitaria, debe conjugarse en el mismo tiempo y espacio si lo que pretendemos es construir ciudadanía y sobre todo si ésta se pretende en sociedades plurales y diversas. (p. 63)

Hablamos, en definitiva, de un modelo basado en la teoría del Aprendizaje Basado en la Comunicación (ABC, en inglés TAC), modelo educativo desarrollado por Eugene A. Loos (1977). Una teoría que toma la interacción entre docente y estudiantes como medio para mejorar el aprendizaje a través de construir el conocimiento. Así, el lenguaje se convierte en instrumento de cohesión y participación en el aula que servirá de espacio de debate para la construcción del conocimiento y el acceso a la información. Consideramos necesario trabajar las identidades de nuestras chicas y chicos desde la participación en el aula (Romero, 2022) hacia una democratización del saber y hacerlo accesible en las diferentes áreas del currículo, lingüísticas y no lingüísticas, apoyando y contribuyendo, así, a la buena marcha de los planes de lectura de un centro educativo (ver tabla 1): 


Tabla 1. Diseño metodológico para una democratización del aula

Fase 1: Identidad y participación

Eje 1: Pedagogía de las identidades

 

Eje 2: Pedagogía de la participación

Agentes en la escuela/ informantes: niños, profesorado y familias.

 

Procesos de escucha y participación infantil y documentación.


Conocimiento y construcción de identidades individuales y sociales (Ser y estar).

 

Aportaciones de niños, familias y profesorado sobre el espacio escolar (Pertenecer y participar)


¿Quiénes somos? ¿Quiénes formamos parte? ¿Qué función cumplimos? ¿Qué esperan de nosotros? ¿Qué imagen pensamos que proyectamos? ¿Qué queremos ser?

 

¿Cómo es la escuela que te gustaría? ¿Cuáles son los espacios que más te gusta? ¿Qué cambios introducirías? ¿Por qué y para qué? ¿Qué harías es esos espacios?

Fase 2: Experiencia y significado

Eje 3: Pedagogía de la experiencia

 

Eje 4: Pedagogía del significado

De la mirada individual a la mirada colectiva

 

Creación de consensos, construcción de significados compartidos


Comunicación y expresión del sentir y las aportaciones de niños, familias y profesorado (Explorar-comunicar)

 

Discurso de la comunidad educativa (Narrar - significar)


Análisis de constantes en cada discurso

 

Transformando nuestra escuela

Fuente: Romero (2022)


Desde estos planteamientos, apostamos por una formación centrada en el diseño y la creación de situaciones de aprendizaje cuyo objeto de actuación se fundamente, según Bronckart y Schneuwly (1911), en “definir una forma de enseñanza coherente y significativa, fuertemente articulada con los objetivos sociales más democráticos y que potencia al máximo las capacidades psicológicas de los alumnos” (p. 187). 


Unas ideas que entran en total sintonía con los principios de Vázquez Recio y Angulo Rasco (2010) en la concepción del aula como espacio de interacción y construcción de identidades, destacando, entre otras, las siguientes estrategias y nociones:


  • La concepción integral del desarrollo del alumnado, teniendo en cuenta aspectos cognitivos, emocionales, comunicativos y sociales.

  • El debate, la discusión y la reflexión crítica son las estrategias metodológicas básicas.

  • El trabajo cooperativo es la base de la enseñanza para la comprensión.

  • La cooperación, la actividad intelectual, creatividad, curiosidad, comunicación simétrica, respeto y responsabilidad son las bases sobre las que se asienta el ambiente de trabajo.

  • La inclusión de todos y cada uno de los alumnos y las alumnas en las actividades que se realizan.

  • El empleo de una diversidad de fuentes de información textual, digital (fija y móvil) e icónica.

  • La investigación y la indagación son las metas hacia las cuales se orienta el trabajo escolar.

  • El proceso, más que los resultados, es el aspecto en el que está centrado trabajo.

  • La globalización del currículo y de un proyecto educativo que garantice la creación y el desarrollo de experiencias de aprendizaje son requerimientos de este marco pedagógico.


Surge, así, la necesidad de apostar por una metodología de todo proceso lector (o escritor) que debe ser “interactiva, significativa y constructivista”, (Galera, 2005, p. 45). En esta línea, dichas pautas de actuación se justifican desde los siguientes postulados: 


  • ser interactivas, porque se pretende poner en contacto los conocimientos de la niña y del niño con el texto, a través de una mediación que recae en la maestra o maestro; 

  • ser significativas, porque se ha de perseguir que se ejerciten y reflexionen desde situaciones reales de aprendizaje; y,

  • ser constructivistas, porque se parte de sus experiencias previas, de sus conocimientos, mediante mecanismos de motivación, y, de esa forma, se pretende atender a la diversidad en el aula, ya que cualquier docente se define como la persona que mejor conoce a sus estudiantes y sabe qué es lo que más le interesa al grupo clase antes, durante y después de la lectura.